POR MAYTE GARCÍA CANEIRO

¿Cuántas veces al día escuchas o tú mismo utilizas la palabra estrés? Y eso es porque el estrés o mejor dicho el distrés (estrés negativo) se ha convertido en uno de los mayores problemas de esta sociedad, sobre todo en los países desarrollados. A continuación te doy 8 recomendaciones para combatir el estrés

La velocidad a la que va todo, las prisas, las obligaciones, nos llevan a situaciones en las que no siempre es fácil mantener la calma y acabamos totalmente estresados.

Soy de las que piensan que una de las mejores maneras de combatir a tu enemigo es conocerle en profundidad y a lo mejor de ese modo, averiguar sus debilidades.

Quizás por eso últimamente me he visto tentada a investigar y a informarme, no sólo sobre la definición del estrés, sino sobre su origen y sobre todo sus posibles consecuencias.

¿Qué es el estrés?

Uno de los libros del doctor Mario Alonso Puig, titulado “Vivir es un asunto urgente” trata precisamente sobre esta cuestión. En primer lugar, él afirma que lo principal sería llamar a las cosas por su nombre y entender que empleamos de manera incorrecta la propia palabra estrés, con una connotación negativa, cuando en realidad, sin el estrés, el ser humano no habría podido sobrevivir durante mucho tiempo.

Porque el estrés “es una fuerza que se pone en marcha ante cualquier peligro, amenaza física o situación de incertidumbre”, afirma el doctor.

Por eso, él habla de dos tipos de estrés, el eustrés o estrés positivo, gracias al cual nos mantenemos alerta, activos, produciéndose en nuestra sangre una mezcla de hormonas entre las que están la adrenalina, y noradrenalina, que mantienen nuestro interés y sensación de vitalidad; la dopamina, que nos ofrece la capacidad de enfocarnos y la serotonina, que afecta al estado de ánimo.

Este conjunto de hormonas liberadas gracias al eustrés o estrés positivo, nos aportarán sensación de confianza y convicción de que vamos a conseguir nuestro desafío, pero pasados noventa minutos a máximo rendimiento, sin parar y relajar nuestro cuerpo y cerebro, se pone en marcha el segundo tipo de estrés, el negativo, o llamado distrés. En este estado, la hormona que se libera es el cortisol, que nos lleva al agotamiento, irritabilidad y pensamientos negativos.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias del estrés?

Un estudio realizado en la Universidad de Carnegie-Mellon, junto con unos científicos que trabajaban en una unidad especializada en resfriados situada en Sheffield, Inglaterra, cuantificó la magnitud del estrés que experimentaba la gente en sus vidas y luego los expuso sistemáticamente a la acción del virus del resfriado.

Estrés, prisas, gestión del estrés

El resultado del experimento demostró que cuanta más tensión experimenta la persona en su vida cotidiana, mayor es su predisposición a contraer un resfriado. Solo el 27% de quienes presentaban un bajo nivel de estrés contrajeron la enfermedad después de estar expuestos a la acción del virus; cosa que, por el contrario, ocurrió en el 47% de quienes tenían una vida más  estresante. Ésta parece una prueba irrefutable de que el estrés debilita el sistema inmunológico.

 

 

¿Cuáles son las características del estrés?

Según Sonia Lupien, neurocientífica de la Universidad Mc Guill de Montreal, nuestro cerebro es un detector de hostilidad, de información amenazante, y cada vez que detecta algo que supone un peligro, ya sea para nuestro tiempo, nuestro ego o nuestra vida, generará hormonas del estrés para aportarnos la energía necesaria.

Esta neurocientífica afirma que a todos no nos estresan las mismas cosas, y que, tras más de treinta años de estudiar el estrés, en una situación estresante podemos identificar cuatro características. Cuantas más de éstas se cumplan mayor será el estrés provocado.

1ª La novedad: hace referencia a algo que es nuevo para nosotros.

2ª Impredecibilidad: es algo que no esperamos.

3ª Falta de control sobre la situación.

4ª Representa una amenaza contra nuestra vida o nuestra personalidad. Por ejemplo el simple hecho de que cuestionen nuestra capacidad para realizar un trabajo de forma eficaz.

No obstante debemos ser conscientes de que una «vida feliz» no es una vida libre de estrés. De hecho no es posible liberarse por completo del estrés, ya que éste es necesario para realizar aquellos pequeños o grandes retos o proyectos, que suelen estar presentes en la vida de aquellas personas que se consideran más felices.

La gente feliz necesita un mínimo de estrés para llevar éstos a cabo, lo que ocurre es que suelen ser más conscientes sobre su resistencia al estrés y cuando éste es excesivo bajan su nivel de autoexigencia.

¿Cuáles son los mecanismos del estrés?

El doctor Mario Alonso Puig, explica los dos mecanismos del estrés, así como sus utilidades y los posibles problemas ocasionados de prolongar una respuesta en el tiempo ante una situación estresante de forma inadecuada:

Mecanismos de adaptación: son aquellos que preparan el organismo para realizar una actividad que necesita cierta exigencia física o psicológica por nuestra parte. Por ejemplo cuando comenzamos a realizar ejercicio físico, esta respuesta del estrés provoca que haya un aumento del riego sanguíneo a los músculos ejercitados; o cuando vamos conduciendo por un carretera con mucho tráfico, hace posible que mantengamos la concentración y podamos reaccionar ante cualquier imprevisto.

Mecanismos de supervivencia: éstos deberían activarse únicamente ante un peligro físico real como la presencia de un posible depredador. No obstante sabemos que en ocasiones se activan ante la pérdida de imagen, estatus, valoración de los demás,… Es muy serio el efecto de la activación de este mecanismo del estrés prolongado en el tiempo, ya que en algunos experimentos con voluntarios se ha podido ratificar que durante su activación disminuye el riego sanguíneo en la parte del lóbulo prefrontal del cerebro. Teniendo en cuenta que esta parte es la encargada de intervenir en procesos como los de toma de decisiones, análisis profundo, creatividad, etc. (que son prescindibles ante la presencia de un posible depredador), nos encontramos en una situación en la que además de sentir cierto malestar como sensación de ansiedad y angustia, también perdemos facultades en los procesos de aprendizaje o toma de decisiones de forma efectiva y racional.

En otras palabras, si ante un problema como la posible pérdida de un puesto laboral activamos de forma inconsciente este mecanismo del estrés, nos será más difícil ser creativos y hallar las posibles soluciones para poder afrontar el problema.

Por lo tanto ¿Cómo detectar que estamos ante una situación de estrés crónico?

Según Sonia Lupien, antes de llegar a una situación de estrés crónico se recorre un proceso en el que pueden diferenciarse tres fases:

  1. Cuando el estrés comienza a cronificarse notamos una alteración en el proceso digestivo. Esto nos puede llevar a consumir algún tipo de pastillas para regular este proceso. Este dolor abdominal recurrente es la primera señal que se detecta en los niños cuando padecen de estrés.
  2. El cerebro comienza a demandar un mayor consumo de sustancias que actúan como calmantes, ya sea glucosa, tabaco, alcohol,…
  3. En la última fase el estrés ya es crónico y es cuando enfermamos. Comenzamos a tener problemas de memoria, cambios repentinos de humor, mayor irritabilidad, sensación de frustración, y agotamiento constante y posible depresión.

Y ahora, ¿Cómo podemos gestionar el estrés para que no nos perjudique? 8 recomendaciones para combatir el estrés

Del mismo modo, que en las situaciones estresantes, nuestra glándula suprarrenal (situada encima de los riñones) libera cortisol y esto nos produce un estado de agitación, debemos saber que la oxitocina es una hormona que reduce los efectos del estrés, ayudándonos a relajarnos.

  1. Aplicar técnicas de respiración a través del Yoga o el Mindfullness. Tumbarse en la cama o sentarse iniciando una respiración abdominal, inspirando, reteniendo el aire y luego expulsándolo, es probablemente uno de los mejores modos de controlar esa situación.
  2. Desviar la atención, pensar en otra cosa. Generalmente el estrés está en nuestra mente, es producido por nuestros pensamientos y nuestro diálogo interno. Si logramos distraer a nuestra mente y la focalizamos en otra cosa, en otro pensamiento que sea agradable, o en un objeto que tengamos cerca, se regulará inmediatamente la intensidad del estrés.
  3. Hacer ejercicio: salir a correr, hacer deporte, ir a caminar a paso rápido. Está demostrado que cualquier ejercicio físico favorece la liberación de oxitocina, y por tanto la reducción del estrés.
  4. Mirar una imagen relajante, una fotografía o una pintura que contenga una imagen que sepas que a ti te transporta a un momento vivio o deseado. La visualización de ti en ese escenario también te ayudará a regular tu nivel de estrés.
  5. Adoptar una postura física antiestrés como ponerse de pié con la espalda muy recta, elevar los brazos y estirarse hacia el cielo, o hacer muecas con la cara, está demostrado que además de ser posturas que aportan confianza, inhiben la producción de cortisol.
  6. Reirte todo lo que puedas. Ver algo que te divierta mucho o provocar con la memoria alguna escena muy graciosa. La risa es uno de tus mejores aliados en esta situación, ya que libera oxitocina, la hormona de la felicidad. Piensa en lo que experimentas cuando te ríes, es incompatible con el estrés.
  7. Un masaje o un baño relajante. Aprovecha para dártelo tú mismo o que alguien te lo de, porque tus músculos se van a destensar y también vas a sentir un gran placer.
  8. El amor de ti hacia los demás y de los demás hacia ti. Haz el amor, abraza a los tuyos, a los que quieres, ayuda a alguien, pasa un rato distendido con alguien que te quiera. Donde hay amor, no hay miedo, y el miedo es el origen del estrés, del tipo que sea.

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