Bonita pregunta, ¿no te parece? Pues te diré que si la traigo precisamente al blog es porque me la plantean a diario personas que se ponen en contacto conmigo, inquietas y a veces incluso angustiadas, cuando llegados a cierta edad, sienten que no están para nada alineados con lo que hacen.

Sin embargo, escucharla, no sólo no me sorprende, sino que me transporta a la sensación que también experimenté hace ya cinco años, una sensación de bloqueo, de estar perdida, desorientada.

Admiraba a las personas que habían conectado desde niños con su vocación y se habían dedicado a ello.

A mí no me ocurría eso, no sabía hacia dónde dirigirme. La única certeza era que no quería más de lo mismo.

En mi caso llegué a una conclusión. No sabía dónde ir ni lo que quería porque no tenía ni idea de quién era. Yo, que durante 15 años había buceado por las aguas del desarrollo personal, que había leído libros de autoayuda y acudido un par de veces al psicólogo, creía que ya lo sabía todo de mí, y no, resultó que una nueva circunstancia externa había puesto mi mundo patas arriba y me encontraba más alejada de mí que nunca, sin rumbo ni brújula. Me formé, investigué y escribí mucho.

Y os diré que todo me llevaba siempre a lo mismo, al autodescubrimiento, a la conexión con el yo y por supuesto, a no obsesionarme por encontrar una super vocación, es decir, a desmitificar la propia idea, quizás muy alimentada por el propio sector al que me dedico, donde parece que si no la encuentras, estás casi abocado al eterno fracaso.

Fijaos que al final, y en todo este camino, yo misma me di cuenta de que mi vocación no tenía por qué traducirse exclusivamente en una profesión o en un trabajo determinado, sino que tenía la capacidad de adoptar muchas formas, situaciones, circunstancias.

Os pongo un ejemplo. Mi camino de autodescubrimiento me ha llevado a identificar tres elementos que son mis grandes pasiones: Comunicación, personas y risa.

A partir de ellos, soy capaz de saber en qué sectores y haciendo qué cosas puedo llegar a fluir y a sentirme bien conmigo misma y eso me hace ser mucho más libre, os lo juro.

Por resumir esta reflexión en algunas ideas dirigidas a los que queréis encontrar vuestra vocación pero creéis que no la tenéis os diría:

  1. Trabajar sobre la propia creencia que puede ser limitadora. Si crees que no tienes vocación y esta creencia está arraigada en ti, no va a ser fácil que la encuentres. Si quieres verdaderamente encontrarla, deberás cuestionar tu creencia y al menos, abrirte a la idea de que puedas descubrir algo verdaderamente que conecte contigo.
  2. Fuera obsesiones. Encontrar la vocación es un deseo absolutamente humano, pero quizás existe una tiranía de la vocación, a través de charlas motivadoras, corrientes, influencers, frases, que nos pueden llevar a sufrir cuando no nos resulta fácil encontrar la nuestra.
  3. No te compares con los demás ni con su ritmo. El que otras personas lo tengan clarísimo desde muy temprana edad, no quiere decir que a tus 40 o 50 o 60 no la encuentres.
  4. La vocación no aparece como por arte de magia y te pilla sentado o sentada en el sofá. Prueba, haz cosas nuevas, investiga, aprende y sigue probando. Yo encontré mi vocación como coach haciendo un master que en principio era sólo para aprender.
  5. Eliminando mitos sobre la vocación.
    1. Mito 1: La vocación está unida a hacer algo maravilloso, extraordinario, con impacto social, unido al mundo del arte, del deporte, a conseguir fama.
    1. Mito 2: Si no encuentras tu vocación desde pequeño, olvídate
    1. Mito 3: Sólo puedes tener una vocación y es inamovible. Sólo eres válido para una cosa. ¿Y si eres un apasionado de la vida como me ocurre a mi? Pues mejor, más opciones tienes para ser feliz.
  6. Ábrete a ti, a realizar el viaje más importante de tu vida, tu viaje interior, resuelve bloqueos, conflictos, mapas mentales estrictos, hazte preguntas abiertas, bucea y profundiza en las respuestas.
  7. Realiza actividades creativas y que te pongan en movimiento y de buen humor: canta, baila, salta, corre, dibuja, pinta, colorea sin sentido, medita, respira, escribe.
  8. Déjate llevar por la propia improvisación de la vida y activa el SÍ a realizar nuevas cosas que ni te habías planteado.
  9. Ríete más de ti y de todo
  10. Perdónate, compréndete, acompáñate, aprende de ti, acéptate y afloja la presión que ejerces sobre ti.
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